Generalmente cuando hablamos de tipos de interés hablamos de lo que se llama “tipos de interés nominales” que es el que se paga o se cobra, pero en este caso nos olvidamos del efecto de la inflación.

Como la inflación supone un aumento en los precios, también implica una devaluación del dinero (si la compra sale más cara con el mismo dinero se podrá comprar menos, por lo que el dinero vale menos). Por lo tanto, alguien que pida hoy prestados 1.000 euros, con una inflación del 2%, debería devolver como mínimo 1.020 euros al cabo de un año, ya que esa cantidad le permitirá comprar lo mismo que los 1.000€ del año anterior. En caso de devolver menos de 1.020€, el prestatario habrá ganado dinero con el préstamo.

Y este es el concepto del tipo de interés real: es lo que pagará la deuda por encima de la inflación, ya que es lo que realmente se paga ajustando la depreciación del dinero.

Aplicar este concepto a nuestra deuda personal puede ser complicado, pero tiene mucho sentido para un país que se suponga sin riesgo.

 

Evolución de los tipo de interés de Estados Unidos (naranja) y Alemania (azul)
Rayado = Nominal    Solido = Real

 

Como podemos ver, aporta información de cierta calidad. Si analizamos los tres periodos de crisis que hemos vivido desde 1998 (2001 – crisis de las puntocom, 2007/8 – crisis inmobiliaria, 2011 – crisis de deuda periférica en Europa) vemos cierto patrón: tras las crisis los tipos de interés caen, y posteriormente se produce una cierta recuperación o normalización.

La lógica que trasciende a esto es un poco compleja, pero podemos resumirla.

Cuando vivimos un ciclo expansivo en la economía los Bancos Centrales tienden a subir los tipos de interés de referencia con el objetivo de mantener la inflación por debajo del 2% (a mayores tipos de interés mayor ahorro, por lo tanto menor consumo y menor presión en los precios).

Sin embargo, llega un momento en el que la inflación no da más de sí, y se produce un desequilibrio que puede indicar el final del ciclo con un repunte en los tipos reales (básicamente implica que se está presionando a la baja una inflación que ya no sube, por la tanto esta termina por caer y se entra en recesión).

Tras esto, con el objetivo de levantar la economía, los Bancos Centrales bajan los tipos de interés con el objetivo de impulsar al alza la inflación, y cuando esta empieza a subir vuelven a subir los tipos de interés. Un círculo vicioso que, aunque parezca un sin sentido, resulta necesario para suavizar la dureza de los ciclos económicos.

Resulta curioso, sin duda, lo que ha pasado los últimos años: la crisis de 2008 fue tan severa que llevó los tipos nominales a 10 años por debajo del 2% por lo que los tipos reales entraron en terreno negativo (se pagaba por dejar dinero durante 10 años).

Con la posterior crisis de deuda periférica en Europa, los tipos a 10 años se volvieron a tensionar, especialmente en nuestro continente, donde con la aplicación del programa de compras masivo del Banco Central Europeo se han mantenido los tipos reales en negativo durante años, una situación que no debería durar una vez se normalice la política monetaria.

Esta situación extrema es una de las que nos lleva a apostar por una subida de tipos en Europa, y la proximidad con el fin del programa de compras y las subidas de tipos lo que nos lleva a estar convencidos de que, además, es el momento apropiado.

Share This